miércoles, septiembre 06, 2006

Y todo por la historia (mal entendida)

Este apunte para una reseña que no escribiremos quizá correspondiera a otro blog. Sin embargo, es en éste donde nuestro diagnóstico podrá encontrar mejores coordenadas, aunque será coordenadas sólo sugeridas o evocadas y que no plantaremos en firme.
En La Tierra. Un viaje por la historia de nuestro planeta (cuya versión española, obra de Gonzalo G. Djembé, publicó la Editorial Crítica, Colección Ares y Mares, en 2004), su autor Gregor Markl expone lo que dice el título desde las categorías de la geología, aunque no falte algún desborde o desparrame que no pasa de venial.
No diremos nada -porque no tenemos ninguna autoridad ni ganas para ello- sobre las virtudes o defectos técnicos y teóricos de la obra, pero sí sobre el enojoso marco en que, para disipar alguna malevolencia de los lectores (juveniles o infantiles), inscribe Markl su Die Erde (1):
El 21 de junio de hace 4.556 millones de años -un viernes, para más señas-, si alguien se hubiera encontrado en un planetilla hermoso de alguna galaxia tranquila y hubiera estado mirando (con algún telescopio muy potente) justo hacia el lugar donde hoy se encuentra nuestro sistema solar ... ¡lo hubiera visto nacer! (pág. 9)
Esto es, para aprender algo de geología, además de incurrir en la tentación usherítica, debemos hacer llover algunos equívocos que afectan a la física, a la óptica, a la astronomía, a la cosmología y a ... la geología. Prosigue Markl con la historieta de unos niños de ese planeta que hacen un trabajo escolar sobre el que sería nuestro.
Y equívocos además para contar una historia ridícula, mucho más ridícula y tonta que la historia de la ciencia contada casi por cualquiera de sus historiadores y misioneros.
(1) El título original completo es Die Erde. Eine Reise durch ihre Geschichte: La Tierra. Un viaje por su historia (o a través de su historia). En el original no se dice lo de "planeta" ni lo de "nuestro". Por otro lado, la colección Ares y Mares ofrece al lector un catálogo de curiosa transversalidad, fruto tal vez de una primigenia (des)orientación pedagógica. Junto a un libro interesante a la postre como este La Tierra, se incluyen otros que no lo son menos, y algunos también -como el de Bruno Bettelheim- cuyo interés es de carácter más bien extraterrestre.

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